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Energía

La industria siderúrgica, como el resto de las industria electro intensivas españolas precisa un suministro energético seguro, a precios competitivos, y con una gran estabilidad regulatoria.


Tanto en energía eléctrica como en gas se cumple el primer requisito, mientras que los otros dos distan mucho de estar en una situación aceptable.


La política energética ha sufrido un vendaval regulatorio a lo largo de los años 2012 y 2013, y que se prolongará en 2014: cinco reales Decretos-Leyes, que se tramitaron posteriormente como Leyes, 2 Reales Decretos y 12 Órdenes ministeriales son las cifras que muestran que la reforma eléctrica ha sido todo menos pausada y, quizás, tampoco muy pensada.


Aunque lo esperable del Gobierno y del legislador habría sido que se garantizase un precio competitivo y razonable al consumidor, industrial y doméstico, la realidad ha hecho que el foco se pusiera en la reducción del llamado déficit tarifario y en la salvación del llamado sistema eléctrico, si bien eso ha obligado a una modificación casi permanente de la regulación, creando incertidumbre e inseguridad entre los consumidores industriales.


La industria sideúrgica no puede afrontar su supervivencia cual agricultor de secano, a la espera de que la temporada de lluvias y de viento sea propicia, y esa estabilidad de precios que otorgarían contratos bilaterales a largo plazo no se ha garantizado en la regulación.


Los consumidores, y muy en particular los consumidores electro intensivos, no pueden asumir los errores regulatorios de la Administración, porque precisan para mantener su actividad, de precios competitivos  y de estabilidad regulatoria que el actual marco dista mucho de garantizarles.


Los cambios impulsados por el Gobierno en relación con el servicio de gestión de la demanda (interrumpibilidad y modulación) llevaron a UNESID, a finales del año, ha presentar un recurso contencioso administrativo contra la Orden Ministerial que modificó sustancialmente el servicio y que ha sido ya parcialmente modificada por el Gobierno dos meses después.


La situación del gas natural comienza a parecerse peligrosamente a la de la energía eléctrica, y UNESID teme que nos podamos encontrar en breve con una espiral de precios regulados parecida a la sufrida en la energía eléctrica. Esta situación se ve agravada por la conducta de algunos comercializadores que han desviado cargamentos hacia países terceros con la consecuencia de que los precios del gas sean hoy mucho más altos en España que en Francia. Si a ello sumamos el enorme diferencial con EE.UU. como consecuencia de la utilización pro ese país de gas de esquisto, la situación de desventaja competitiva en España es más que preocupante.